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Imposible cumplir el protocolo de flexibilización de tuberculosis en Castilla y León

El Programa Nacional de Erradicación de Tuberculosis Bovina de 2019 como novedad recoge la posibilidad de aplicar un ‘protocolo de flexibilización’ en las provincias cuya prevalencia sea inferior al 1%. Este protocolo permitiría supuestamente a los ganaderos vender a cebaderos calificados terneros negativos de menos de 12 meses de explotaciones en las que se hayan marcado un pequeño porcentaje de animales.

Una vez analizado dicho protocolo, y tratando de llevarlo a la práctica por parte de algunos ganaderos, desde Unión de Campesinos de Castilla y León hemos podido comprobar como este, es en la práctica imposible de cumplir, pues los requisitos que se exigen no permiten para nada salirse del guión actualmente establecido para explotaciones positivas. “Además, realmente no está hablando de explotaciones con posibles falsos positivos, sino de animales dudosos a la prueba en piel, es decir, a todas luces negativos. Por lo tanto, no soluciona en nada el grave problema de restricciones de movimientos que genera en las explotaciones el gran número de falsos positivos, es decir, de animales que una vez marcados, dan negativo en el cultivo posmortem”, asegura la organización.

“Por otra parte, tratando de hacer valer este protocolo en casos particulares, hemos podido comprobar la enorme descoordinación existente en el seno de la propia administración, pues los responsables de algunas unidades veterinarias, ni siquiera conocían la existencia de dicho protocolo, negando la mayor y considerando que el mismo respondía a la inventiva del propio ganadero. Otro aspecto que hace imposible el cumplimiento de este protocolo es la actitud de la administración en cuanto un ganadero se plantea acogerse al mismo, llamando directamente al cebadero afectado advirtiéndole de los graves riesgos que llevaría implícitos el hecho de adquirir terneros de explotaciones acogidas a este protocolo, traspasando el problema de la explotación de nodriza a la de cebo. Por ello, en el hipotético y dificilísimo caso de que algún ganadero cumpliera los requisitos exigidos en el protocolo, sería el propio cebadero quien no querría comprarle los animales, viéndose obligado a malvenderlos en uno de los llamados cebaderos sucios”, continúa.

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