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Bienestar animal, salud humana y uso de antimicrobianos en ganadería

En los últimos tiempos han surgido varias noticias relacionando la cada vez más preocupante resistencia a los antimicrobianos, específicamente a los antibióticos, y el uso o el abuso que de esos medicamentos se realiza en la ganadería. Muchas informaciones, en ocasiones con datos poco contrastados y abusando de un cierto sensacionalismo, han pretendido relacionar la cada vez más constatada pérdida de eficacia de algunos antibióticos con ciertas malas prácticas que se imputan a los gestores de las explotaciones de animales productores de alimentos.

Este tema tiene una enorme importancia, ya que relaciona la salud humana con las producciones ganaderas y tiene unos efectos directos en todo el sector agroindustrial, por lo que la organización agraria UPA ha hecho un profundo análisis sobre esta situación. Como ocurre en muchas ocasiones, temas complejos tienden a ser tratados de una manera muy superficial, buscando causas y soluciones simples, lo que, aparte de resultar completamente inadecuado, puede generar unas malas consecuencias para las estrategias que se pongan en marcha, además de amenazar el futuro y la sostenibilidad de muchas explotaciones ganaderas.

En nuestro país, el consumo de antibióticos parece estar por encima de las medias europeas, tanto en lo que hace referencia al consumo humano como al consumo animal. No hay que olvidar, no obstante, que el 90% del consumo de antibióticos se produce en la atención primaria, donde una tercera parte de las consultas están relacionadas con enfermedades infecciosas. Por lo que hace referencia a la atención hospitalaria, se estima que el 30% de los pacientes ingresados recibe al menos un antibiótico al día.

En el mismo sentido, los datos disponibles (pocos y no del todo fiables) parecen mostrar que el uso de antibióticos en la ganadería española es también algo superior al de la mayoría de países europeos. Hay que indicar, además, que las cifras que se manejan son previas al inicio de las campañas de sensibilización, por lo que es muy posible que la situación actual sea significativamente menos grave que la inicialmente diagnosticada, ya que los principales actores del sector ganadero han intentado adecuar sus métodos de gestión para incrementar la salubridad de sus explotaciones y cabañas, reduciendo el uso de estos medicamentos.

Nadie puede negar que, en ocasiones, se hayan utilizado los antibióticos con un carácter preventivo y de una manera generalizada en algunas explotaciones ganaderas, pero el propio sector ha reaccionado para erradicar esas prácticas, adelantándose a la propia legislación. También hay que indicar que los controles realizados garantizan que los productos ganaderos que se comercializan cumplen con todos los requisitos de salubridad exigidos.

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